Últimamente el Real Oviedo parece el camarote de los
hermanos Marx. Indagábamos hace un par de días en estas mismas líneas sobre la
bipolaridad del aficionado azul, pero en las últimas horas el surrealismo ha traspasado
todos los límites. Como todos sabemos, en la tarde ayer Jon Erice, aún capitán
del equipo, se plantó en el lugar trabajo de un aficionado para pedirle explicaciones sobre las críticas recibidas en el último partido en el Carlos
Tartiere y posteriormente en una emisora de radio. Erice, acompañado de varias
personas (entre ellas una niña pequeña), aparece en un video de cincuenta
segundos discutiendo acaloradamente en la puerta de una céntrica tienda con el
citado aficionado, miembro de Symmachiarii, dejando una imagen patética que
lamentablemente tardaremos en olvidar. Como es lógico el club ya ha apartado a
Erice; hoy no entrenó con el equipo y el sábado tampoco va a viajar a Elche.
Dentro de unos años nos acordaremos de esto y nos
reiremos, pero el asunto tiene traca. No trago a Erice desde hace tiempo ni
dentro ni fuera del campo, pero al menos siempre me había parecido una persona
inteligente y en cierto punto coherente en sus apariciones públicas. Hasta
ayer. O se tragó la trilogía de El Padrino de un golpe, o comió algo en mal
estado, o simplemente es que está como una regadera, pero el espectáculo
lamentable de ayer es para que Erice jamás vuelva a tener nada que ver con el
Real Oviedo, que aunque no lo parezca y quitando excepciones, siempre ha sido
un club serio.
También hay que resaltar el papel de Hierro,
totalmente superado por los acontecimientos y al que parece que le haya
afectado la bipolaridad azul. Después del partido de Córdoba dijo que la
plantilla no tenía carácter, días después negó la mayor y alabó la personalidad
del equipo. Hoy sale a rueda de prensa afirmando que en el Oviedo pasan cosas
muy raras que él nunca había visto y que el club necesita “proyecto y visión”.
¿Se habrá olvidado de que el entrenador es él?
Así está el asunto: el Oviedo es una casa de locos,
pero ojo, a lo mejor tanta chifladura tiene un destino que se llama promoción
de ascenso a Primera División.
Xuan Fernández
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