Vaya por delante que esto no es ningún alegato pelota;
la temporada del Real Oviedo ha sido nefasta. El entrenador no ha cumplido, la
plantilla ha defraudado y el club no ha sabido o no ha podido enganchar a una
afición que, como viene siendo costumbre en los últimos tiempos, da mucho más
de lo que recibe. Sin duda lo peor del año ha sido el final. Las heridas del
pasado, que nunca llegaron a cicatrizar, se juntaron con las decepciones en el
campo y acabaron desembocando en el ridículo enfrentamiento de Erice con un
aficionado. Que curiosa es la vida y el destino. Varios jugadores que, como
Erice, sacaron del barro al Oviedo y quedarán para siempre en la historia del
club, se irán de la ciudad como demonios pudiendo haber sido dioses, y porque
ellos así lo han querido. Nunca me olvidaré de la despedida que le brindó el
Tartiere a Generelo en su marcha como jugador, por eso luego me resulta
irrisorio escuchar que la afición oviedista es demasiado dura.
Pese a este fracaso no cabe hundirse. Ya lo dijo Woody
Allen en Broadway Danny Rose: “Es importante pasarlo bien, pero también
hay que sufrir un poco, porque, de lo contrario, no captas el sentido de la
vida”. Así es como veo el futuro del Real Oviedo. Queda mucho trabajo por
hacer, se necesita mano dura y decisión, pero vendrán tiempos mejores, no hay
duda.
Además, la temporada que viene será especialmente
atractiva. Asturias, aunque sea en una categoría indigna para la región, tendrá
derbi catorce años después. La Nueva España dedica hoy un
amplio despliegue informativo al retorno de los encuentros de máxima rivalidad, con varios artículos y
reportajes que recuerdan anécdotas pasadas, probablemente desconocidas para
muchas generaciones de asturianos. Especialmente recomendable es el artículo de Melchor Fernández Díaz,
que hace un repaso histórico a la esencia de los derbis. En estos tiempos
mediocres, con la dictadura insufrible de Madrid-Barcelona, que convierte a los
aficionados en meros clientes de televisor, conviene más que nunca resaltar lo
propio con orgullo. Por eso y por mucho más, yo ya cuento los días para volver
a probar la mejor droga que hasta hoy nadie ha inventado: el Real Oviedo.
Xuan Fernández